El arte de decir que no

Estás cansad@ porque hoy fue un día pesado en la oficina. Llegas a casa y tu pareja te dice que hagas la cena mientras él/ella dobla la ropa que se lavó ayer. Hacia dentro te dices que no quieres hacerlo en este momento, que lo que quieres es tirarte en el sofá por 10 minutos; pero lo que de tu voz sale es: “Sí, está bien. ¿Qué te preparo?”.

No te llevas bien con tu familia política y el próximo sábado es cumpleaños de tu suegro. Él siempre ha sido grosero contigo y no le caes bien. Van a hacer una comida porque cumple 80 años. No quieres ir, eso es un hecho. Cuando tu pareja te pregunta qué vas a vestir ese día, tú quieres decirle que no piensas ir porque ese señor nunca te ha respetado, pero le respondes que ya te compraste ropa nueva para ese día.

Tu jefe te pide, por tercera vez en esta semana, que te quedes a sacar un trabajo que le pidieron a él. Te dice que tú eres él único que le puede ayudar y que, cuando vengan los aumentos, serás el primero al que se lo dará. Tú sabes que sino hizo este trabajo fue porque todas las tardes después de la comida, se la pasa jugando en su computadora, pero te cae bien y le contestas en tono de broma, antes de ponerte a trabajar a las 8 de la noche, que  entonces quieres ¡el 50% de aumento!

Podríamos enumerar distintas formas en que no podemos decir que NO. ¿Por qué es tan difícil?

Partamos de algo: Por varias generaciones, en México se nos ha educado  que si decimos que NO, somos groseros, mal educados, altaneros, creídos, egoístas, mamones, etc. Y nadie quiere ese lugar porque es mal visto, no considerado, no reconocido de forma positiva; y entonces, ¡no importa!, ya luego yo lo hago…, después veo cómo…, total, ya después yo…, nos ponemos al final porque primero es el otro.

¿Qué hay en el otro? Todo aquello que no vemos y hacemos por nosotros.

Si digo que NO, “me deja de querer, me deja de ver, me deja de reconocer, me deja de considerar, me deja de lado…”. Y no quiero que eso pase. Entonces, ¿qué me cuesta decir que sí?… Te cuesta darte a respetar, que tus necesidades siempre queden por detrás de las de los demás, hacer felices a los otros a tu propia costa, que gastes energía necesaria para ti en algo que quieras hacer por llevarlo a cabo para los otros.

Tenía un maestro que cuando le preguntaban los alumnos si había chance de entregar el trabajo más tarde u otro día, él sólo decía NO y se quedaba callado. Los alumnos se reían, bromeaban con él y le respondían: “¡ay, qué grosero es usted!”, y él sólo contestaba: “No soy grosero, soy asertivo”. Y en efecto, la primera reacción ante un ROTUNDO, CONTUNDENTE Y CLARO NO, es que la persona es todo menos afirmativa y defensora de su derecho.

Decir NO es una parte activa de nuestra autoestima y con ello, de nuestra seguridad como individuos. Si colocas tus deseos, necesidades, ideas, planes; detrás de las de los demás, es posible que tu autoestima sea endeble porque lo que tú consideras de ti mismo no es suficiente y por eso se “tiene” que “validar” con lo que hagan, piensen o digan de ti los otros. Si yo no me siento valiosa para mi misma y acompaño a mi tía Juanita todos los fines de semana para que no esté sola, el resto de mi familia dirá que soy buena, linda, amable; una excelente sobrina y eso “me bastará” para sentir que sí soy valiosa porque el resto  de la gente me lo hace saber. Claro está que cuando ya no quiera ir a la casa de la tía Juanita porque tengo cosas más importante que hacer, dejaré de ser la buena y pasaré a ser la mala del cuento, contando con que lo valiosa  que era se esfumará como por arte de magia.

Lo anterior puede afectarme sobremanera y regresaré tan rápido como pueda a mi anterior conducta porque hay una ganancia que no quiero perder, pero si yo refuerzo mi autoestima, comienzo un trabajo personal para incrementar mi seguridad y mi valor por mi mismo, entonces podré sostener con mayor facilidad mis NO, porque sabré el precio que debo pagar por esas ganancias que obtengo al ser lo que los demás desean. ¿Cómo le hago?

  1. Reajustando los aprendizajes. ¿Cuáles son las ideas que consideras sobre hacer ver tus ideas? ¿Qué piensas de la gente que defiende sus derechos? ¿Qué te enseñaron sobre mostrar tu desacuerdo sobre algo? Si aprendiste cuando eras pequeño que era mal visto decir que querías Coca Cola en lugar de la Manzanita Sol cuando te ofrecían un refresco, entonces ha llegado el momento de separarte de esa persona porque ese pequeño ya es ahora un adulto y este adulto ya puede decir que no.
  2. Observando. Dónde y con quién es más posible que no puedas decir que no. ¿Qué representa esa persona para ti: autoridad, admiración? ¿Qué sientes por esa persona: miedo, tristeza, lástima, envidia…? ¿Y a quién se parece más esa persona: a tu papá o a tu mamá?  Las representaciones juegan un papel crucial porque en muchas ocasiones, le ponemos un disfraz a las personas para continuar haciendo lo mismo que hacíamos cuando éramos pequeños.
  3. Trabajar tu autoestima. Que te veas desde tus ojos de adulto y no de niño. Que te coloques desde un adulto sincero y autónomo, que es capaz de ver lo difícil que la tuvo que pasar ese pequeño para que lo quisieran y lo vieran. Ahora ya no es necesario porque ya te tiene a ti para que le haga saber que es responsable, agradable, dicharachero, entusiasta, preguntón; y que ninguna de esas características es negativa. Simplemente es así y así está bien.
  4. Practicar. Nada puede ser parte de nosotros sino lo practicamos. Por ello, hay que hacer ejercicios para facilitar nuestros NO. Si vas a comer algo a un restaurante y en lugar de traerte la pechuga asada, te la traen empanizada, di NO, yo la pedí asada. Si te dan el café con leche y tú lo querías con crema, di NO. Si tu amiga te pide que le prestes tu vestido favorito, di NO. Si te dejan cuidando a tus sobrinos, di NO…
  5. Revisa. Hay que ver cuáles han sido las ganancias de tus SÍ, para que veas que no has querido perder para seguir ganando de los demás. Si es aprecio, comienza a apreciarte un poco más cada día. Si es un cariño, hazte esos cariños todos los días. Si es que te han reconocido, comienza a hacerlo tú mismo. Nada que no nos demos, nos podrá ser dados, recuérdalo.

 

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