Si yo creyera en mi mism@

A veces, cuando fantaseo, me gusta imaginar que a los alumnos de la secundaria se les debería dar una materia llamada: “Creer en mi mism@”.

Tengo la sensación que es en el inicio de la adolescencia cuando se manifiestan con más intensidad problemas de autoestima, no porque en la infancia no sucedan, sino que es en la adolescencia cuando el grupo de amigos se vuelve  más importante, los pares y la representación ante ellos es un tema constante en la queja de los chic@s. Quieren verse, integrarse, reconocerse en el grupo y pertenecer.

Por ello, creer en sus talentos y sus habilidades debería ser una prioridad para los adultos a su alrededor. Creer en su diferencia, en los aspectos y características que los hacen únicos, así como en la validación y orgullo de dichas características frente a todo mundo, tendría que ser una constante en su vida diaria.

Sin embargo, lo que tenemos hoy en día es que buscan -en su mayoría- ser igual o muy parecido al “otro”, a ese que es popular, querido, aceptado, reconocido; aunque no sea más que la fachada de algo que se oculta por miedo. Es la etapa es que es mejor ir aparentando fuerza, soberbia, valor; o exagerando alguna como el ser chistoso o bromista… Y sino es por ese camino, entonces se busca la atención a través de ser todo lo contrario pero no por autenticidad, sino porque hay lugares ya ocupados en las representaciones sociales y hay que llenar otros, aunque en eso se les vaya la vida.

Vi un reportaje sobre el peligro de las redes sociales en los jóvenes. Me llamó la atención una chica de 13 años cuando le preguntaron cuántos contactos tenía en su cuenta de Facebook y ella respondió que 2500 -de los cuales conocía sólo a 25-. El reportero quiso saber qué pasaba con los compañeros que tenían menos seguidores pero que sí los conocieran, y ella expresó: “es como si no existieran. Nadie quiere ser amigo de ellos. Es una competencia a ver quién tiene más contactos en el feis”.

Si esta adolescente entrevistada supiera la importancia de ser y no de parecer, no le preocuparía tener únicamente a 25 contactos pero reales, así también le parecería irrelevante si los demás compiten por la popularidad en redes sociales porque ella identificaría que en la vida no es mejor ser reconocida por el resto de las personas, que por ella misma y con esta acción, sería mucho más segura y diferenciaría quién la buscaría por su “popularidad” o por sus talentos y habilidades. Desafortunadamente, la realidad nos sobrepasa.

Chicas que quieren ser las más guapas porque se sienten feas, las que tienen novios golpeadores o controladores porque sin alguien más se sienten solas, las que posan mejor en el Instagram porque si no lo hacen, no se ven, la que dice “sí” aunque se muera por decir “no”…. Para ser sincera, también en los hombres aplica lo mismo…

Chicos que prueban su fuerza con más litros de alcohol porque usarla para lograr sueños o deseos auténticos, ¡guaj, qué flojera… O qué miedo! En ambos casos, las drogas son una cotidianidad.

Bien, y los padres a todo esto, ¿dónde están?

No lo sé de cierto. Unos trabajando, otros lejos, otros abandonando, unos más buscando dejándose ser exclusivos para la pareja. Los hay que hacen lo que pueden y otros lo que quieren. También están los abuelos en el lugar de los padres. Todos, al final, son el espejo donde los hijos se reflejan. Y si ahí ven carencia, poca creencia en si mismos y autoconfianza cero, pues eso mismo será lo que vean, ¿no creen?

Creer y confiar en uno mism@ no es una tarea fácil, sobretodo, cuando lo tienes que hacer ya mayorcito. Lo que yo me encuentro son cada vez más adultos a los que no se les ha enseñado a ser ellos mismos, han querido ser otros para caer mejor, para ser vistos o escuchados o, al final, ser tomados en cuenta.

Decía una maestra muy querida: “La primera mitad de la vida te la pasas siendo lo que otros quieren, y la otra mitad, quitándote todo eso para ser tú mismo”.

Sería bueno aprender de lo que no nos dieron para empezar a hacer una lista y otorgarnos cada uno de estos aspectos, de poco a poco pero que no hubiera día en que algo que no nos hizo confiar y creer en nosotros mismos, saliera a la luz para poderlo reconocer, integrar y rehacer en algo que nos ayude a no necesitar más de otros que de nuestra propia fuerza interior.

¿Cuán extensa sería tu lista? ¿Cómo harías para reiniciar el camino de creer en ti mism@?

Comparte tu experiencia en psicologapiliquiriz@gmail.com

 

 

 

 

 

 

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