Deja de hacerte la víctima

¿Alguien se acuerda de Libertad Lamarque?…

¿O Blanca Estela Pavón?…

Bueno, valgan ambos ejemplos (aunque algunos de ustedes no se acuerden de ellas) ya que estas actrices de los años cuarenta, representaron un papel que en la actualidad, aún sigue generando buenos dividendos: el de la víctima.

La víctima nunca tiene la culpa.

La víctima siempre sufre.

La víctima aguanta porque ama profundamente.

La víctima siempre es considerada por todos.

La víctima es un ser al que hay que cuidar más, apoyarle más…

¿Les hace sentido?

¡Claro!, muchos de nosotros vamos diciendo con palabras o con nuestras acciones, que no podemos, que el jefe nos envidia, que tenemos mala suerte, que nadie nos quiere ayudar, que es mejor quedarnos con ese hombre con el que nos casamos porque, ni modo de dejar a los hijos sin padre; que el otro tiene ese auto porque, de seguro, roba…

Y hay quien nos disculpa o ya no nos hace caso porque todo el tiempo vamos tocando la canción más triste del mundo con el violín más pequeño del mundo. Los hay también que no se cansan de ayudarnos pero ese es otro tema…

A la víctima le conviene serlo porque obtiene ganancias de ello. Por ejemplo, el jefe y los compañeros abusan de él, le dejan los peores trabajos, le piden ir por el café cuando tiene una maestría y está estudiando un doctorado, le piden quedarse hasta las 10 y trabajar los fines de semana y al final, lo corren… ¡Pobre! Hay que correr a ayudarlo. Entonces, la esposa le da dinero, mantiene la casa, los papás le pagan las deudas, los hijos no le dan lata… Consigue un nuevo trabajo y vuelve la misma historia porque se siente cómodo en esa posición…

Una víctima puede serlo todo la vida porque está demasiado en ese papel que moverse de ese sitio es una tarea casi imposible, ya que, además, hay un sistema que permita que lo siga siendo: lo provee, lo consuela, lo consiente, lo disculpa. Muchos nos hemos acomodado muy bien en nuestros papeles como víctima y victimario ya que no queremos darnos cuenta que todos somos ambos.

Cuando una víctima comienza a ver su lado victimario en lo que hace, inicia una ruta en la que el balance entre ambas características le producirán cambios que modificarán muchos ámbitos de su vida, pero eso es un trabajo personal arduo y se requiere tiempo y un compromiso para asumir la responsabilidad y las consecuencias de sus actos.

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