Las redes sociales y el amor

O el amor en los tiempos de pantallas y aplicaciones…

En ambos casos, el título parece que anuncia una realidad cada vez más constante y con ganas de quedarse para siempre sino nos ponemos un alto.

¿A qué me refiero?

Echen ojo:

“Tomé su celular cuando se paró a recibir la comida que habíamos encargado. Ahí fue donde vi que se mensajeaba con una mujer. Eran mensajes muy subidos de color, como que ambos se coqueteaban. Cuando regresó, le reclamé y lo negó todo. Se molestó porque había revisado su celular y eso me encabronó más porque a leguas se notaba que me estaba ocultando la verdad…”

“Ya no éramos novios pero habíamos quedado en ser amigos, así que nos seguíamos  en Facebook e Instagram. Un día vi que le daba muchos like a una tipa horrenda y me dio mucho coraje porque a mí me había dicho que no le interesaba nadie. Hice un perfil falso para que ella me aceptará, me hice pasar por hombre y comencé a mandarle mensajes por messenger para luego capturar las pantallas y mandárselas a mi ex. ¿Para qué? Para que vea a su zorra coqueteando con otro y la deje…”

“Yo le dije que nos tuviéramos confianza y que no debía haber secretos entre nosotros, por lo que tenemos las contraseñas del celular del otro y de las redes sociales. Ella sabe lo que yo hago y yo sé con quien charla y quienes son sus contactos… No es por nada pero nos ha servido bastante porque así no hay chance para ponernos el cuerno…”

Los ejemplos anteriores son una situación cada vez más común en la vida de las parejas de hoy en día, sin importar edad o nivel académico o económico en el que se manejen. Es decir, no excluye a nadie porque se relaciona más con faltas en nuestros primeros años que vamos solicitando a nuestras parejas que las satisfagan. De hecho, puede presentarse que ante una figura paterna (en el caso de las mujeres) o materna (para los hombres) intermitente, escasa presencialmente hablando, o bien, fría o violenta; nuestra búsqueda encuentre a personas que también no estén del todo con nosotros. Una manera de repetir la historia de nuestra vida.

La zona conocida se convierte entonces en nuestra cotidianidad,  por lo que no es percibida con claridad. Puede molestar o doler pero eso no es suficiente para moverse de ese lugar, ya que eso “hemos aprendido”: a esperar, a desconfiar, a imaginar escenarios catastróficos y a obtener las migajas que “merece” nuestra poca autoestima.

Si bien la tecnología ha permitido el acercamiento con nuevas personas o el facilitar la comunicación, le hemos concedido todo el poder a un mensaje interpretándolo de acuerdo a lo que nos convenga– pero esta conveniencia deviene de un contexto personal, de acontecimientos vividos y que hemos integrado en nuestro interior para generar una perspectiva individual- así que si la historia nos dice que nos van a fallar, que se van a ir, que no somos suficientes; eso es lo que estaremos construyendo sino aprendemos de las experiencias para salir de esos patrones que nos tienen en relaciones tóxicas, poco saludables o llenas de dolor.

Por otro lado, hay un verbo que se ha traducido al español como “estalquear”, derivado del inglés “to stalk” (espiar), que, de acuerdo al portal http://www.concepto.de, se trata de:

Una forma de acoso o espionaje tecnológico, que usualmente se da en el entorno novedoso de las redes sociales y el Internet. En líneas generales, este término se usa para referir a una conducta obsesiva, insistente, empeñada en averiguar lo más posible de una persona(usualmente una antigua pareja o un rival afectivo) a través de sus cuentas en redes sociales, sobre todo las que contienen datos personales: fotografías, mensajes, etc., tales como Facebook, Instagram, etc., dedicando a ello gran cantidad de tiempo y atención.

Fuente: https://concepto.de/stalkear/#ixzz5pFDn2chE

Este acoso se confunde con la necesidad de saber del otro porque se nos ha enseñado que el otro es más importante que uno mismo. Suena a clases de pensamiento positivo, pero sin nosotros no existiríamos. ¿Lo mismo sucedería si los demás se van de nuestra vida?

No es exagerado considerar que ante un bajo nivel de tolerancia a la frustración, los chavos de menos de 20 (y acá entre nos, de 30, 40, 50 y más) intenten por todos los medios asegurar que sus parejas van a estar ahí por siempre, ya que, de no ser así, la vida se acaba. Y en algunos casos es así.

¿Qué hacer?

  1. Aprender a confiar en uno mismo. Falta creer en que uno es más importante que el otro. Entender que si yo me doy eso que tanto busco que el otro me lo dé, no intentaré desesperadamente que se quede a mi lado.
  2. Incrementar nuestro autoestima. Hacer más acciones en beneficio de uno mismo. El tiempo que ocupamos en estalquear, utilizarlo en esos proyectos o deseos que, vistos a futuro, serían importantes para sentirnos felices. Si nos imponemos a nuestros deseos, el tiempo no se ocupará en saber dónde o con quién está la pareja. Y si eso sucede, estaremos tan ocupados en nuestro bienestar, que se nos pasará pronto.
  3. Conocer nuestra historia personal para no repetirla. Los patrones o modelos de comportamiento de nuestras familias de origen (tanto del lado materno como paterno) nos pueden dar mucha información para completar el rompecabezas de nuestra existencia. Puede ser que desde la bisabuela, las mujeres “tengan” que perseguir a los hombres, o que el abuelo haya dejado como mensaje a los hombres de su familia que “nunca” haya que confiar en las mujeres. Pedir información da la posibilidad de evitar seguir esos mensajes otra generación más.
  4. Ponerte al frente de tu vida. Haz una lista de que cosas han hecho esas parejas por ti, que te han dado, y luego revisa que de todo eso tú te das a ti mismo. Cambia la lista y ponla de tu lado porque, al final, nadie hará por ti lo que no hagas por ti mismo.
  5. Ve al encuentro de ayuda profesional. Una vida no se cambia de la noche a la mañana pero, ¿no te gustaría dejar de sufrir y acongojarte en tus relaciones de pareja? ¿No sería bueno que salieras a la calle sin que esos pensamientos de desconfianza te dominen? O sentir que no necesitas seguir a nadie a todos lados ni tampoco que te siga? ¿Amar confiando en ti más que en el otro? Entonces, busca un profesional para que te oriente al respecto. Hay para todos los gustos y bolsillos, sea de paso.

Acércate a una buena vida.

¡Hasta la próxima!

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