Me preocupa la preocupación

Sólo pasa.

Llega y no se va.

Y sí, como lo escuché en algunas ocasiones: sientes que te vas a volver loc@.

Y no se lo cuentas a nadie porque es vergonzoso sentir que algo pasa dentro de ti, pero afuera no hay nada: Los problemas de siempre, la vida de todos los días, los asuntos pendientes de la cotidianidad… Pero ahí está y no es visible.

No te deja dormir como siempre, te empiezas a enfermar de lo que antes no lo hacías, te incomodas, no puedes respirar bien, sientes que te ahoga el vapor del baño y el calor te pone triste.

A esto puedes llamarle como quieras: Menopausia, andropausia, crisis de la edad, stress, depresión…, el hecho está en que quien siente que la preocupación le va ocupando cada vez más el cuerpo y la mente; y lo va colocando contra una pared imaginaria pero muy real en el corazón, sabe a lo que me refiero.

No es meta de este texto descifrar los laberintos en que nos mete la personalidad, la educación de nuestros padres, el entorno y las obligaciones adultas; todo ello da como resultado un cóctel en el que terminas botando la fuerza que te caracteriza y te fragiliza el presente, te abruma el pasado y te rompe el futuro. “Todo está en tu mente”, “descansa”, “no te preocupes, ya pasará” … ¡Carajo, no es cierto! Y ahí empieza el desorden: TE PREOCUPA LA PREOCUPACIÓN.

Primero, de que tus miedos se hagan realidad: una enfermedad incurable, hacerte viejo, quedarte sin trabajo, morirte joven. Luego, que se te note, que te pregunten y no sepas qué decir. Más tarde, de tener la seguridad que te volverás loc@, de no poder resistirlo, de no tener fuerza de voluntad, de que cada día se hace más pesado… Y la preocupación de la preocupación te come los dedos de la decisión y la carne de la motivación.

¿Qué hacer con un periodo así en la vida de uno?

Dejarse llevar.

Dejarse…

… Que te dé chorro, colitis, gastritis, salpullido, herpes, caída del pelo, más peso, menos peso, hambre, desesperación, lágrimas, enojo, lluvia, noche, insomnio, pesadillas, temperatura, vómito, deseos de no estar, de irte y hasta de morir…

Creo ahora que romperse es el secreto.

Cuando una ventana de la casa se rompe, ese instante después de ver los vidrios en el piso y cuando comenzamos a recogerlos, es cuando pensamos en dónde vamos a ir a comprar el reemplazo, con qué lo pegáremos, cuánto gastaremos… Además, vemos un poco más allá de lo acontecido. Observamos que ya le falta pintura a la ventana o que hay que limpiar el patio hacia donde da la vista… No lo hacemos ni antes de romperse ni durante; por eso digo que en torrentes así de preocupación, lo menos recomendado y más valioso es dejarse llevar hasta que estén todos los vidrios regados por el piso de la vida… Ahí es donde comenzará otra tarea…

Hoy hacía un ejercicio psicológico sobre esta sensación y concluí- sin que suene a receta de cocina- que hay que dejar de tener el control, descontrolarse, perderse aunque dé más miedo (o retomando el título: Se preocupe uno más de la preocupación) y sólo así se sabrá si uno guarda energía para salir adelante SOLO, con apoyo psicoterapéutico regular o urgente.

La preocupación de la preocupación hay que trabajarla después de dejarse golpear por ella para saber que, si viene de nuevo, tendremos listos los bates de la fuerza emocional. Sobre todo, sabremos a qué le tememos y para qué.

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