Volver a empezar

Dedicado a MC y a JE

Hoy en día, el trabajo se ha vuelto un factor de stress para los que pasan los 40 años. ¿Por qué? Porque cuando  uno es más joven la vida viene con más facilidad: no se tienen tantas responsabilidades-por ejemplo, un hijo- se busca vivir la vida y cumplir sueños. Incluso, los empleos no tienen ya que ser para toda la vida.

Sin embargo, para quienes ya cuentan con una su propia familia, con una hipoteca o renta por pagar, deudas y compromisos a los que hay que afrontar sin poder recurrir ciertamente a los padres, perder el empleo es un asunto complicado.

Se piensa que después de ciertas edades, las oportunidades laborales disminuyen. Ya no se contrata tan fácilmente a alguien que, con todo y su experiencia, ya trae “mañas, costumbres y hábitos”, difíciles de cambiar para las compañías que necesiten sus servicios. Alguien más joven, que recién empieza su carrera profesional, puede ser moldeado al estilo de la empresa y no será tan exigente a la hora del pago y las prestaciones. Claro, uno sabe más por diablo, que por viejo, diríamos algunos…

Por otro lado, muy pocas personas han hecho un plan de vida. Un ejercicio de autohonestidad para saber dónde y cómo se quieren ver en unos años. Sobre todo, porque no desean afrontar la dura realidad de tener que ahorrar, guardar esos aguinaldos para hacerse de un negocio propio, o no se quieren evitar gastar en esa fiesta en lugar de pensar en que ese dinero caería muy bien para el “colchón de emergencias”. Pocos adultos contemplamos el tema del desempleo, más cuando ya agarramos confianza en el que tenemos. Si ya llevamos más de cinco años en ese trabajo, no nos atrevemos a pensar que nos van a correr o que nos van a cambiar, o que nos van a hacer renunciar, o que no nos va a gustar más esa actividad… Mejor malo conocido que bueno por conocer…

Pero nunca es tarde para comenzar.

Lo primero es darse cuenta que, en efecto, hay que hacer un alto en el camino, tengamos o no tengamos trabajo, para saber si eso que estamos haciendo, es lo que queremos hacer por lo menos de aquí a alcanzar la edad de la jubilación. Sino, a tomar papel y pluma.

¿Qué quiero?

¿Dónde me veo?

¿Qué me gustaría estar haciendo los próximos 20 o 30 años? ¿Lo mismo que ahora?

¿Qué me gusta hacer aunque no me paguen por ello?

De las ideas locas, absurdas o increíbles, puede darse la posibilidad y la alternativa. Nunca hay que descartarlas porque nos pueden ser útiles.

Luego de las ideas viene la acción, por ejemplo:

  1. Ahorrar para eso que se descubra como  la posibilidad de un negocio propio o de otro tipo de trabajo.
  2. Acabar con las deudas actuales lo más posible y no generar más. Castrarse para lo inmediato a sabiendas que vamos a obtener algo más a largo plazo.
  3. Formarse, capacitarse o informarse, sobre aquéllo que nos interese hacer. Pensaste en una cafetería. OK. ¿Qué sabes de cafés, de bebidas, de snacks, de ubicaciones, de rentas, de…?
  4. No pensar en la  lana inmediatamente. Hace un tiempo, mi terapeuta me dijo que si se hacía un negocio pensando sólo en el dinero, no funcionaría. Y, al menos en mi experiencia, es verdad. Antepuse varias veces el dinero a aprender, a que me conocieran, a obtener resultados positivos en mis pacientes; y cuando fue así, sólo pensar en la lana, no llegó ningún paciente.
  5. ¿Vas a seguir en esa chamba? Muy bien, entonces aprende a ser sagaz, estratega y a “leer” el panorama y los escenarios porque tienes que estar listo para los cambios, los acomodos, los nuevos jefes, las nuevas demandas, los nuevos compañeros; y debes ajustarte y pagar el precio por seguir ahí donde has decidido.
  6. Autolimitarse, autodirigirse y automotivarse. Si vas a ir en búsqueda de apoyo moral, adelante. Pero antes debes saber que habrá gente que te quiera batear, que te quedes, que no avances, que se sigan yendo de juerga o de vacaciones, que te va a proyectar su miedo, que te va a decir que ahí estás bien o que, por el contrario, ya lo hagas sin esperar. A nadie le hagas caso. Hazle caso a tu miedo que te bloquea y te limita, a esa voz interna que te dice que ya es tiempo o a aquella que te dice que esperes, que es mejor esperar. Es decir, hazte caso a ti.
  7. Háblalo. Para que se entienda para qué lo haces, con qué fin ya no gastarás en helados o cines para tus hijos en los próximos dos años, porque ya no te irás de viaje a la playa como cada Semana Santa, porque ya no comprarás el auto que habías quedado en comprar. Hay que hablarlo con los que directamente se vayan a ver afectados porque, entre más clara y directa sea la información, mayor apoyo te brindarán porque la limitación de ahora, les traerá beneficios a todos. Y si reorganizan la dinámica familiar entre todos, mucho mejor. Comer en casa los fines de semana, postres hechos en casa, palomitas caseras, menos tele y más libros… Ahora escribo este blog desde la Biblioteca Vasconselos y no saben el encanto de hacerlo viendo los árboles, sin ruido y sin música ruidosa…
  8. Empieza poco a poco. Una nutrióloga que conozco, me dijo que ella llevaba 30 años en su profesión, fue la primera nutrióloga en obtener la cédula profesional en México, y me platicó todos los errores que había cometido a lo largo de sus primeros años para poder llegar a donde había llegado. Nunca se pensó tan exitosa sino que lo único que quería era tener pacientes y un consultorio propio. Y lo logró haciendo algo que le gustaba y que no vio frutos hasta cinco años después de haberlo iniciado. Mientras, se tuvo que chutar trabajar para alguien más…
  9. Comprométete. Todos queremos lograr algo en la vida pero muchos sólo lo pensamos, lo deseamos y nos lo imaginamos. Pocos se comprometen con eso que quieren hacer. Como les digo a mis pacientes: “Deseo, idea o sueño sin acción, es igual a ilusión”, así que sin manos a la obra, no hay obra.
  10. Conéctate siempre con el trabajo. Si te despidieron, no te vayas de vacaciones, no te tomes días para pensar…, si te fuiste de ese trabajo que no te gustaba, no te quedes en tu casa a que las ideas lleguen o la motivación te la den otras personas: actúa en consecuencia. Se vale llorar por la pérdida o la decisión, pero luego de las lágrimas, venga! A meterse al terreno de juego porque nadie va a pagar la hipoteca o la renta o la comida, más que nosotros.

La edad no es una limitante para encontrar de nueva cuenta el camino. Esa limitación está en nosotros. Pero hay que ser realistas, ya que a lo mejor, no nos vamos a encontrar con las mismas condiciones que hace 10 o 5 años, quizá vengan tiempos con un menor sueldo o con una mayor distancia hacia el trabajo. Sin embargo, ya sabremos para qué nos ha de servir esa nueva labor y qué es lo que buscamos al levantarnos cada mañana. Ya nos habremos hecho conscientes y actuaremos para lo que queremos lograr.

Nunca es tarde para comenzar de nuevo. Comenzar desde el miedo y la desconfianza que al final, son aliados de vida que nos impulsan para movernos del sitio de lo conocido, del confort o del “ahí se va”. Incluso, para ser más fuertes, más duchos en algo, para enfrentar nuestra poca creencia en nuestros talentos. Quizá llegó la hora de regresar a la escuela, pedir ayuda, titularse, capacitarse en un CECATI, aprender algo nuevo…, confiar y creer en uno.

Así que, bienvenidos los cambios que siempre nos vienen a dar un mensaje en el que se dice que no hay vida sin movimiento…

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