Quiero pareja, pero…

«PACIENTE: Veo que mis amigos ya se están casando, teniendo hijos o yendose a vivir con alguien, ¡y yo nada más no agarro ni una gripa!»

TERAPEUTA: Estoy entendiendo que tú quieres lo mismo que tus amigos: ¿tener pareja?

PACIENTE: Sí, exacto.

TERAPEUTA: Cuéntame que haz hecho para conseguirla.

PACIENTE: Bueno, la verdad es que no salgo mucho. Cuando voy a fiestas, me quedo platicando con mis amigos o con la gente que conozco. Trabajo en casa y también como ahí, y los fines de semana, voy a andar en bici al cerro solo porque a nadie le gusta ese deporte…»

TERAPEUTA: ¿Cómo ves lo que haces vs lo que quieres?

PACIENTE: Creo que va a estar dificil que así conozca a alguien…

TERAPEUTA: Apartando el que lo hagas o no, si pudieras decirme que ayudaría a lograr lo que tú quieres, ¿qué se te ocurre?

PACIENTE: Pues atreverme a salir más, hacer actividades donde haya chicas, platicar en las fiestas con quien no conozca, comer fuera de vez en cuando o invitar a alguien a comer. ¡Decirle a mis amigos que me presenten a alguien! ¡Jajajaja!

TERAPEUTA: Del 1 al 10, ¿cuánto estás dispuesto a llevar a cabo estas acciones en este momento de tu vida?

PACIENTE: ¡Híjole!, cómo un 6… o un 5… Es que me gusta también estar solo y no dejaría la bici por salir con alguien…

TERAPEUTA: Bueno, quizá podrías dejar de ir uno o dos fines de semana.¿Sería mucho para ti?

PACIENTE: Lo veo difícil…

TERAPEUTA: Cuando has tenido que lograr algo muy importante en tu vida, no has tenido que dejar de hacer algunas cosas, o de hacer algún tipo de sacrificios…?

PACIENTE: Sí

TERAPEUTA: Si tener pareja es importante como esas metas, ¿habría que hacer algo más, acciones distintas, incluso un sacrificio de flexibilizarte?

PACIENTE: Creo que sí… No lo había visto así, pero si algo quiero, algo debo hacer distinto.

TERAPEUTA: No se trata de sacrificar lo que eres, se trata de ver que para lograr tener pareja, hay acciones distintas que hay que empezar a hacer, flexibilizar un poco, considerando que lo que deseas, también involucra una manera distinta de conocerte…

Este diálogo de un caso imaginario, intenta ilustrar lo que en muchos casos pasa en la vida de las personas con más de 30 años que desean tener una pareja o, incluso, formar una familia: no hay congruencia entre lo que se desea y lo que se hace.

Hay acciones que hay que hacer, quizá por vez primera, o evaluar si lo que se ha hecho, está siendo útil para ver cumplido ese deseo. Y no, no se trata de perseguirlo como si en eso se fuera la vida, no. De lo que considero que se trata, es de abrir la mente, el corazón, de revisar las creencias y las expectativas sobre tener una pareja, con el fin de, si realmente se desea, poder llegar a esa realidad.

Claro, sin obsesionarse con esa tarea, si no, de vivir la vida acomodando nuevas conductas o incorporando experiencias exitosas anteriores, o evaluar lo que no sirvió en el pasado y mirar si se continúa haciéndolo; flexibilizar ideas y comportamientos, ajustar las expectativas y echarle un buen ojo a los prejuicios que, aún en estas edades, impiden o limitan las oportunidades que, por una nariz puntiaguda y no recta, o unos centímetros de menos o de más, se corta la posibilidad de una pareja.

También es relevante considerar lo que llamamos, sentido de realidad. A veces se pide al otro proyectivamente, pues esas acciones corresponden a quién las pide. No digo que la otra persona resuene en consonancia con dicha necesidad, pero es sólo un eco, no la voz que deba satisfacerla. Es decir, sí hay un acto de responsabilidad propia para que lo que se pide al otro, sea algo que se dé en primera persona.

Alguna vez escuché a un actor decir la frase: «no hay nada malo en nosotros, lo malo está en los ojos que nos miran», y yo agrego que lo parádojico es que nosotros a veces somos esos ojos, así que si no hay generosidad propia, «lo más fácil» va a ser pedírsela a alguien más, pero, entonces, vamos siempre a «necesitar» de un otro para poderla sentir. Por eso el trabajo personal es una tarea imprescindible para que se conozca de manera más amplia lo que sé es, se aprenda a valorar y a reconocer la parte sombría de uno mismo, y entonces eso posibilite el encuentro con otra persona para poder sostener un vínculo afectivo satisfactorio y que no invite al constante sufrimiento.

Y ante todo esto, ¿por qué en la década de los 30 hay tanta queja sobre no poder tener pareja? Se lleva tanto tiempo siendo lo que sé es, que si no se ha revisado, confrontado y actualizado, más rígido se vuelve un individuo, y cuando alguien se rigidiza, es díficil abrirse a más opciones, tomas en cuenta alternativas y, por supuesto, modificar creencias y conductas, que, en efecto, pudieran ayudarle a cumplir su objetivo.

Así que, si tú estás en esa década (no excluyo a otras, sin embargo, la problemática se da constantemente en la de los 30) considera conocerte, mirar lo que no has mirado de ti, atiende esos asuntos inconclusos, mira de cerca las creencias y principios que pueden aun regirte y limitar tus oportunidades, integrar esos aspectos negados o rechazados de ti mismo, que puede estarse proyectando en las personas con las que interactúas y con ello, no considerarlas como candidatos para la relación que dices querer tener.

Soy Pili Quiriz, y ayudo a las personas a ampliar la mirada sobre sí mismos, verse de maneras más generosas, pero tambien más confrontadoras, para que pueda tomar en cuenta más herramientas que lo lleven al logro de sus objetivos personales, emocionalmente hablando.

Publicado por Pili Quiriz

Profesional de la psicoterapia, profunda y respetuosamente interesada en encontrar caminos que ayuden a las personas a encontrar herramientas para afrontar y solucionar sus problemas de vida.

Deja un comentario