Todo aquello que las familias piensen que debe hacerse, formas de vida que hay que llevar, creencias y principios que debemos continuar, de todo eso se tratan los valores familiares. Y son éstos los que determinan la existencia de sus integrantes, tanto para bien, como para mal.
Desde la psicología, un valor familiar es una creencia o principio compartido por los miembros de una familia que guía su comportamiento, sus decisiones y la manera en que se relacionan entre sí y con el entorno. Estos valores funcionan como una especie de brújula emocional y moral que influye en la identidad individual y colectiva dentro del núcleo familiar.
Características principales:
- Se transmiten generacionalmente: A través del ejemplo, la comunicación y las normas explícitas o implícitas.
- Dan sentido de pertenencia: Ayudan a construir una identidad familiar compartida.
- Moldean el comportamiento individual: Influyen en la forma de resolver conflictos, expresar afecto, asumir responsabilidades o enfrentar dificultades.
- Pueden ser funcionales o disfuncionales: No todos los valores familiares favorecen el bienestar psicológico (por ejemplo, el valor de «no mostrar debilidad» puede limitar la expresión emocional saludable).
Ejemplos de valores familiares:
- Solidaridad: “En esta familia nos ayudamos unos a otros.”
- Honestidad: “Decimos la verdad, aunque sea incómoda.”
- Respeto: “Escuchamos sin gritar.”
- Responsabilidad: “Cumplimos con nuestras tareas y acuerdos.”
- Privacidad o discreción: “Lo que pasa en la familia, se queda en la familia” (valor que puede ser sano o problemático según cómo se use).
La complejidad de los valores, determina formas de pensar y de actuar para sus integrantes, y lo que, en principio, sirven para guiar y educar, se puede convertir en una carga para las personas que desean seguir otros valores, más adecuados a su vida adulta, como puede ser:
1. Autenticidad
Valor infantil aprendido: «Sé quien los demás esperan que seas.»
Valor adulto elegido: “Elijo ser quien soy, aunque no todos lo aprueben.”
2. Autocuidado
Valor infantil aprendido: «Primero los demás, luego tú.»
Valor adulto elegido: “Cuidarme no es egoísmo, es responsabilidad.”
3. Responsabilidad emocional
Valor infantil aprendido: «Tú me haces sentir mal.»
Valor adulto elegido: “Soy responsable de mis emociones, no de las demás.”
4. Autonomía
Valor infantil aprendido: «Obedece sin cuestionar.»
Valor adulto elegido: “Tengo derecho a tomar decisiones por mí mismo, incluso si me equivoco.”
5. Límite saludable
Valor infantil aprendido: «No digas que no, o serás mala persona.»
Valor adulto elegido: “Puedo decir que no sin sentir culpa.”
6. Vulnerabilidad consciente
Valor infantil aprendido: «No muestres debilidad.»
Valor adulto elegido: “Ser vulnerable me conecta con mi humanidad y con los demás.”
7. Coherencia interna
Valor infantil aprendido: «Haz lo que te dicen, aunque no lo sientas.»
Valor adulto elegido: “Mis decisiones buscan ser coherentes con lo que pienso, siento y necesito.”
En términos concretos, la tarea que corresponde a un adulto es la de revisar (volver a mirar) los valores con los que lleva a cabo sus vínculos y experiencias, sobre todo, cuando éstos lo hacen sentir molesto, triste, angustiado o culpable, porque pueden ser indicativos de que se están haciendo a pesar de lo que en realidad se desea hacer, pensar, decir o sentir; y a la larga, esa vida hecha más sobre los valores de la infancia, pueden repercutir en las relaciones de pareja, en la educación de los hijos, en el desarrollo personal, entre otros.
Por ello, pregúntate lo siguiente:
- ¿Qué decisiones importantes he tomado últimamente (o estoy tomando) y qué valores se reflejan en ellas?
(Ejemplo: ¿Elegí quedarme en un trabajo que no me gusta por “seguridad”? ¿Elegí callar por “lealtad familiar” o “no causar conflicto”?)
- ¿A qué tipo de valores le estoy siendo leal hoy, de manera consciente o inconsciente?
(Ejemplo: obediencia, sacrificio, perfección, éxito, autosuficiencia, cuidado del otro, discreción, etc.)
- ¿Cómo me siento emocionalmente viviendo desde esos valores?
(¿Ligereza, culpa, tranquilidad, agotamiento, orgullo, frustración, libertad, miedo?)
- Si decidiera vivir desde otros valores más alineados conmigo (por ejemplo, autenticidad, libertad, placer, autonomía…),
¿A quién creo que estaría traicionando? ¿Y por qué?
(Puede aparecer una figura como mamá, papá, un sistema familiar, una cultura o incluso una versión pasada de ti.)
- ¿Qué parte de mí anhela ser fiel a sí misma, aunque eso implique incomodar a alguien o desafiar lo aprendido?
(Puedes escribir una carta breve a esa parte como si le hablaras con ternura y valor.)
Este ejercicio ayuda a hacer visibles las lealtades invisibles y a abrir espacio para que elijas, poco a poco, qué valores quieres cultivar, desde un lugar más consciente, más auténtico y más claro para lo que deseas que haya en tu vida. No es un camino sin dolor ni tampoco rápido, implica hacer un espacio para cuestionar lo que, posiblemente, se haya aprendido correctamente y haya ayudado en algún momento, pero que, ahora, puede estar perjudicando más que ayudando a tu vida adulta en sus distintos ámbitos.